Salud ginecológica integral - Revisiones

La revisión ginecológica periódica se ha consolidado en las últimas décadas como una herramienta fundamental para el cuidado integral de la salud femenina. Gracias a ella, se ha logrado:
  • Mejorar la supervivencia mediante el diagnóstico precoz de cáncer ginecológico y mamario.
  • Optimizar la fertilidad y, por tanto, la capacidad reproductiva.
  • Promover la educación en salud sexual, facilitando la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS).
  • Ofrecer métodos anticonceptivos seguros para evitar embarazos no deseados.
¿Cuándo comenzar? Se recomienda realizar la primera revisión ginecológica con el inicio de la vida sexual activa o, en cualquier caso, antes de los 22 años. Posteriormente, lo ideal es llevar a cabo una revisión anual, aunque la frecuencia puede variar en función de las características y necesidades de cada mujer. Objetivos de la revisión ginecológica
  • Prevenir y diagnosticar de forma precoz las infecciones de transmisión sexual.
  • Detectar y, en lo posible, prevenir el cáncer ginecológico y mamario.
  • Identificar y tratar patologías benignas que puedan afectar la calidad de vida.
  • Preservar e incluso mejorar la fertilidad, en aquellas mujeres que deseen ser madres.
¿En qué consiste una revisión ginecológica rutinaria? La revisión incluye una valoración completa que contempla:
  1. Historia clínica detallada, con especial atención a antecedentes personales y familiares, sobre todo en casos de cáncer con componente hereditario.
  2. Exploración ginecológica de genitales externos e internos.
  3. Citología cervical y colposcopia, para la detección precoz de lesiones precancerosas.
  4. Ecografía ginecológica, para valorar el útero y los ovarios.
  5. Exploración mamaria sistemática.
En función de los hallazgos, se podrán solicitar pruebas complementarias (mamografía, resonancia, estudios hormonales, cultivos, entre otros) con el fin de ofrecer un diagnóstico preciso y un seguimiento personalizado.

Patología del tracto genital inferior

Bajo este término se engloban todas las lesiones precancerosas o premalignas que afectan a los genitales externos (vulva, vagina, cuello del útero y periné). Nuestro objetivo es siempre la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado de estas alteraciones.

Virus del papiloma humano (VPH)

El virus del papiloma humano (VPH) es la infección de transmisión sexual más frecuente en el mundo desarrollado y el principal responsable del cáncer de cuello uterino.

  • Existen más de 100 tipos de VPH, de los cuales unos 30-40 se transmiten por vía sexual.
  • Algunos causan únicamente verrugas genitales, mientras que otros, denominados de alto riesgo, pueden producir lesiones premalignas capaces de evolucionar a cáncer invasivo si no se tratan a tiempo.
  • La mayoría de las infecciones son transitorias y benignas, resolviéndose de forma espontánea en 1-2 años.
  • Sin embargo, en un 5-10% de los casos la infección persiste y puede originar lesiones que requieren seguimiento y tratamiento precoz.

Prevención: la importancia de la vacuna

El mayor avance de los últimos años en este campo ha sido la incorporación de la vacunación frente al VPH, que constituye una medida fundamental de prevención.

  • Las vacunas actuales protegen frente a los serotipos más frecuentes asociados al cáncer de cuello uterino y también frente a los que causan verrugas genitales.
  • Están indicadas tanto en mujeres como en hombres y permiten reducir hasta en dos tercios la mortalidad por cáncer de cuello uterino, además de prevenir otros cánceres asociados (como el de ano) y las verrugas genitales.
  • No tienen capacidad curativa sobre infecciones o lesiones ya establecidas, por lo que la prevención es clave.
  • El esquema habitual es de tres dosis en un periodo de seis meses y la protección demostrada alcanza al menos 8 años.
  • Se recomienda iniciar la vacunación en la adolescencia, antes del inicio de las relaciones sexuales, aunque puede aplicarse a cualquier edad en función de la situación individual.


Con la prevención, la vacunación y las revisiones ginecológicas periódicas, hoy es posible reducir de forma drástica la incidencia de cáncer de cuello uterino y mejorar la salud ginecológica de manera integral.